- No. Dijo, y se
sintió liberada.
Dedos en punta,
tomó impulso y dejó que la electricidad atravesara su cuerpo, dando vueltas en el medio del cuarto. Se detuvo sin marearse y respetando
la posición tantas veces indicada, se colocó de manera que el
talón del pie derecho tocara los dedos del pié izquierdo, arqueando
los brazos por encima de la cabeza en perfecto equilibrio.
- Sí. Dijo, y se
sintió liberada.
Quieta, con el
cuerpo en perfecta quinta posición expectante, el cuarto y el mundo
comenzaron a girar a su alrededor provocándole pequeños espasmos en
los dedos, los pies, las piernas, la cadera y la cintura. La sucesiva quietud le hizo sentir vértigo. Luego, alguien golpeó la puerta y terminó con todas esas certezas.
Arte Plástico:
Anita Fergunsoni
Textos:
Gabriela Ojeda
Fotografía: Braulio Suárez
Fotografía: Braulio Suárez